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Somo suna familia en Cristo |
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Historias de un encuentro con Dios |

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Testimonio de Marcelo MARCELO AL BORDE DEL SUICIDIO
“Hay camino que al hombre le pare derecho; pero su fin es camino de muerte.” Proverbios 14:26. Marcelo era un joven Argentino de 26 años de edad que dejando su país natal emprendió vuelo a la tierra de la prosperidad buscando lo que muchos venimos a buscar, ese sueño americano. Siendo un joven soltero no tenía mucho que perder con intentarlo. Solo traía con él unos cuantos ahorros, una pequeña televisión y su madre, una señora ya de avanzada edad, cansada y abatida por la enfermedad. Tampoco tenía mucho que dejar atrás, tan solo vanos recuerdos de un pasado lleno promiscuidad, alcohol, drogas, fiestas y trasnochos. Todo su pasado había sido locura. Nunca conto con la mano de un padre que le diese protección y seguridad sino que aprendió sobrevivencia en la crueldad de la vida y mientras sus días pasaban su instinto se agudizaba llevándolo a creer que tenía todo bajo control y podía depender de sí mismo. Lo que Marcelo no sabía era que su supuesta autosuficiencia le fallaría pronto. Al llegar a los Estados Unidos le deslumbro la espesura de la ciudad y quiso apresurarse a tomar para si todo lo que su vana vista le prometía. Sus pocos ahorros que quizás serian suficientes para un par de semanas. Así que su primera misión era encontrar una fuente de empleo que proveyera a sus necesidades y a las necesidades de su madre, quien empeoraba cada vez más, el cáncer se la comía y en el nuevo país Marcelo no tenía ni la mas mínima idea de que hacer para ayudarla. La búsqueda de trabajo se tornaba un poco frustrante. Al no saber Ingles y no tener ningún tipo de contactos las puertas se le cerraban mientras los ahorros se escaseaban. No pasaron muchos días para que Marcelo se diese cuenta de que no sería fácil alcanzar lo que se había planeado y peor aún, no sabía si sus instintos de sobrevivencia que no le habían fallado antes serian suficientes en esta ocasión. Después de tres meses de hambre, Marcelo y su madre aun se encontraban viviendo en una habitación que a duras penas podían pagar. Ya habían recibido varias amenazas de ser corridos del lugar. Esta situación más el frio del invierno, la soledad y la enfermedad de su madre llevaron a Marcelo a una profunda depresión sin encontrar ni tan solo una puerta que se abriese para ellos. Días y noches de menosprecio en la jungla de concreto. Miradas de repudio de aquellos que ya habían logrado su sueño. Puertas que pensó ya estar abiertas cerrándose en su rostro, aniquilando las últimas gotas de esperanza que quedaban en el. Mañanas y tardes en que los quejidos de su madre en cama ensordecían sus oídos. Prepotencia que se apoderaba de sus sentidos al ver a su madre morir en un lecho de un país desconocido. “Porque mis días se han consumido como humo, y mis huesos cual tizón están quemados. Mi corazón está herido, y seco como la hierba…” Salmo 102:3-4. Así Marcelo entre suspiros reprimidos se marchitaba. “Algunos moraban en tinieblas y sombra de muerte, aprisionados en aflicción y en hierros” Salmo 107:10. Esta era la situación de Marcelo, había empeorado tanto que ya la fuerza y el sentido para vivir no lo encontraba. Le tomo la desesperación “…porque nosotros no podemos ordenar las ideas a causa de las tinieblas” Job 37:19. Marcelo ahora contemplaba la idea de quitarse la vida, no sin antes terminar con la vida enferma de su madre. Buscaba la forma de hacerlo de una manera que no fuese dolorosa para ella y allí estaban ambos a punto de perecer en tinieblas. Se llego la noche de llevar a cabo el plan obscuro que había maquinado Marcelo en su desesperación. Inyectaría primero a su madre con una sobredosis y luego procedería a inyectarse el mismo. La fría habitación parecía clamar la muerte misma y el eco resonante parecía surgir del vacío que había en su corazón. Su mente anestesiada giraba en su angustia, tomo una respiración profunda al borde de la cama de su madre y al ver su rostro durmiente se acobardo. Debía hacerlo y sabía que esa misma noche debía terminar con su dolor, pero lo que Marcelo no sabía era que algo inesperado estaba a punto de ocurrir. “…Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz…” salmo 139:12. Algo en Marcelo le llevo a encender su vieja televisión. La encendió y sin más movimientos se sentó en frente de ella. Sin entender ni lo mas mínimo de la programación solo vio un hombre en la pantalla que con mirada profunda decía: “tú que estas planeando quitarte tu vida, no lo hagas! No sé donde estas, pero escúchame y déjame decirte que hay alguien que dio ya su vida para que tu no pierdas la tuya. Es Jesús y aunque todas las puertas se te han cerrado, hoy El toca la puerta de tu corazón para habitar contigo. No estás solo, El está allí, ahí a tu lado.” Esto era una noticia nueva para Marcelo. Nunca había escuchado palabras más hermosas que estas y supo que iban dirigidas hacia El. “…en mi angustia invoque a Jehová, y clame a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llego delante de él, a sus oídos.” Salmo 18:4-6. En ese mismo instante Marcelo clamo a Jesús para que entrase en su corazón. Clamo a este Buen Dios a quien no había conocido antes. Clamo a su nueva Esperanza. Clamo a aquel quien había pagado el precio de su necedad con Su vida. Quien hubiese pensado que Jesús sostendría la mano a punto de acecinar de Marcelo? Quien hubiese pensado que su vieja televisión se encendería un día en una programación Cristiana de la cual nacieran palabras de amor para su corazón hambriento? Quien hubiese pensado que aquella noche de muerte se convertiría en la noche en la que Marcelo hallara al que buscaba su alma? Para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre.” Salmo 33:19. Para esto llega Jesús a nuestras vidas, solo para hacernos bien y para esto llego Jesús a la vida de Marcelo. Al próximo día de ese encuentro hermoso con El Señor Jesús, Dios abrió puertas de trabajo para Marcelo, pues ya él había entrado por la puerta del Señor, “Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrara, y saldrá, y hallara pastos.” Juan 10:9. Así como Marcelo entro por la puerta abierta de Jesús entra tu y saldrás de tu situación y El te llevara a pastos donde halles la quietud de tu alma. Jesús vino a buscar lo menospreciado y rechazado del mundo y El no volteara Su rostro de delante de ti, El no acortara Su mano para salvarte y no ensordecerá a tu clamor, llámalo.
Jesús dio nueva vida a Marcelo. Comenzó a asistir a la iglesia la cual se convirtió en su familia. Conservo el trabajo que Dios le proveyó y humildemente comenzó a alcanzar su sueño ya con una perspectiva diferente, la perspectiva de Dios. La madre de Marcelo fue puesta en tratamientos y a los pocos meses partió con el Señor. Ella murió pero vive ahora al lado de Cristo y Marcelo guarda a Su Amado en su corazón. |